El Punto

El Punto unto y aparte!... Ahí empieza el párrafo! Le dijo la maestra a Pedro que se resistía a poner punto. Escribía como poseído, corría el lápiz sobre la hoja a velocidad sideral hasta que se detuvo de golpe y el lápiz cayó a pique sobre la hoja y... apareció un punto. Pedro lo miraba extrañado porque apareció sin la intervención de su voluntad. Se hizo cada vez más grande. Creció tanto, que Pedro se deslizó dentro de él y de golpe se encontró en medio de millones de palabras: grandes, pequeñas, cortas, largas agudas, graves, esdrújulas, términos que peleaban por un punto que ninguna alcanzaba, otras que perdían su identidad en el movimiento centrífugo y centrípeto. Todas daban vueltas vertiginosamente en la cabecita de Pedro, que se sentía descompuesto y mareado.
¡UN PUNTO POR FAVOR! - , gritó enloquecido.
De pronto dio un alarido fantasmal, como salido de ultratumba. Inflo los cachetes, colorado como un tomate. Casi a punto de vomitar, abrió la boca y... ¡allí cayó el punto que siempre se tragaba!
Era redondo como una pelota de golf. Era una pelota de golf, pero descolorida, gastada, pegajosa... eran puntos que hacia tiempo se los venía tragado y nunca había dicho nada. En su pesadillas negaba eso redondito, que hinchaba su barriga y en la escritura representaba al punto; hasta que por fin día ese dia EL PUNTO, fue a parar al lugar correcto... en su hoja, al final de una oración.

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Sobre el Autor

Graciela Chiavassa, de Argentina

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