El muñeco mágico

El muñeco mágico abía una vez, en un bosque grande y verde, un duendecito muy chiquitito que se llamaba Carlitos. Carlitos vivía con su mamá y su papá en el tronco de un gran roble. Era un duendecito, ordenado, alegre, juguetón, al que le encantaba comer muchas frutas y verduras, aunque más le gustaban los caramelos que le traía la tía Josefina cuando venía de visita.
Todas las mañanas Carlitos se levantaba bien temprano, se lavaba bien los dientes, se vestía solito y se peinaba muy bien, con raya al medio, mojándose el pelo para que no se le parara. Luego bajaba por la escalerita de madera e iba a la cocina, donde la mamá lo esperaba para desayunar. Después le daba un beso a la mamá y se iba a jugar.
Cerca del mediodía volvía, almorzaba y el papá lo llevaba a la escuela. Por las tardes, siempre antes de jugar o hacer cualquier otra cosa, realizaba la tarea del colegio y después a divertirse hasta la hora de cenar.
Pero Carlitos tenía un problema... siempre lloraba a la hora de ir a dormir.
- No quiero mami... - decía Carlitos - Tengo mucho miedo, guaaaa...
La mamá lo calmaba, le daba muchos besos y le cantaba para que se durmiera. Pero un día, no hubo forma de que Carlitos se pudiera dormir. Entonces la mamá se acercó a un baúl que había en la pieza, Carlitos la miraba con mucha atención, no entendía bien que buscaba. La mamá empezó a revolver y revolver, hasta que por fin saco del fondo del baúl un muñeco de trapo, todo viejo y remendado, que ya casi no tenía colores y su carita se había borrado.
Con el muñeco en la mano, y mirándolo con mucho cariño, se acerco a Carlitos y le dijo:
- Tomá hijito, sabes que es esto
- Si - dijo Carlitos con cara de asco - Un muñeco todo viejo y feo.
La mamá, con una sonrisa en su cara le contestó:
- Tenés razón, pero es un muñeco mágico.
- ¿¿¿Mágico??? - preguntó Carlitos con cara de asombro. - ¿¿Y qué tiene de mágico ese monigote??.
- Me lo regalo mi abuelita cuando yo tenía tu edad, a mi también me asustaba la oscuridad y la noche. Pero para saber cuan mágico es debes dormirte abrazadito a él, verás que sueñas cosas muy lindas.
Carlitos un poco desconfiado, agarro el muñeco, lo abrazó y mientras su mamá le cantaba poco a poco fue quedándose dormido. A la mañana siguiente, bajo corriendo las escaleras derechito a la cocina:
- Mamá, mamá no sabes.
- Qué Carlitos, que tengo que saber.
- Soñé un montón de cosas espectaculares, soñé que iba en un caballo blanco, por el medio de un prado y llegaba a un castillo y allí había una princesa, hermosa, hermosa y yo la rescataba de un malvado dragón con mi espada, y... -Carlitos siguió contando. - ...después soñé que estaba jugando al fútbol con mis amiguitos y que era un goleador y que metía como diez goles, además también soñé que iba a la escuela y la señorita me felicitaba por hacer toda la tarea bien y me regalaba caramelos y después jugando a las escondidas con los chicos encontrábamos un baúl lleno de monedas de oro, pero no eran de oro eran de chocolate, y...
- Bueno hijo, esta bien, calmate y desayuna. Viste que el muñequito servía - dijo la mamá, mientras sonreía.
- Si mami, ahora... ¿qué es lo mágico de todo esto?
- No seas ansioso Carlitos, espera y ya vas a ver, anda a jugar con los chicos.
Carlitos intrigado salio a jugar con sus amiguitos al bosque. Mientras jugaba a las escondidas, detrás de un arbusto chiquito, notó que algo brillaba, se acercó y... no lo podía creer, el baúl de las monedas, estaba allí. A la tarde en la escuela la señorita dio un montón de tareas y Carlitos fue el primero en terminarlas todas y bien, la señorita lo felicitó y le regaló una bolsa de caramelos.
Luego de hacer la tarea, se fue a patear la pelota con sus amiguitos, cuantos goles metió esa tarde, fue el más goleador de todos. Uno a uno los sueños que Carlitos había tenido se fueron cumpliendo.
Desde ese día Carlitos no dejó nunca de dormir con su muñeco. Siempre siempre a donde fuera lo llevaba con él era su amigo inseparable. Ah, pero me olvidaba, hubo un sueño de esos que a Carlitos todavía no se le cumplió. Es el sueño del caballo blanco y la princesa, y claro... es que Carlitos todavía es chiquito, solo tiene 5 años. Y colorado colorín este cuento llegó a su FIN

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Sobre el Autor

Julieta Alric, de Bahía Blanca, Argentina

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