Había una vez una hermosa niña llamada Lucinda, la cual soñaba con ser un hada, en su casa todos le decían que tenía demasiada imaginación y que las hadas no existían. Pero Lucinda nunca se daba por vencida, un día decidió salir a caminar al bosque y cuando iba caminando miro unos hongos increíblemente grandes, ella nunca había visto algo así en su vida.
Mientras se acercaba tropezó y vio un hermoso hongo de caramelo, entonces lo tomó, lo mordió y empezó a volverse muy pequeñita. En ese instante Lucinda se quedó dormida, al despertar estaba acostada en una cama de hojas y Carlota el hada suprema de Anglequina, una hermosa ciudad de hadas. Cuando Lucinda vio que todos a su alrededor tenían alas se sorprendió tanto que empezó a gritar "LO SABIA!! SI EXISTIAN!!" y cuando se miró a sí misma en un pequeño pedazo de espejo que tenían vio que tenía unas hermosas alas, ella lloró hasta que pensó "En donde quedará mi familia?" entonces Carlota le dijo:
- "Tu familia la podrás ver en las noches, pero en las mañanas pertenecerás al mundo de las hadas y a cumplir los deseos de la gente que cree en nosotras".
Lucinda aceptó y con su sueño hecho realidad es feliz para siempre.
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